“Solo el que deja sus propios apegos mundanos para ponerse en camino encuentra el misterio de Dios”, dijo este domingo el Papa Francisco durante la homilía de la misa por la Epifanía de los Reyes Magos en el Vaticano. “Hace falta levantarse, esto es elevarse del propio sedentarismo y disponernos a caminar. De otro modo se permanece detenidos”, dijo el pontífice.

“Para vestir los hábitos de Dios, que son simples como la luz, hace falta primero dejar de lado las prendas pomposas. O sino se actúa como Herodes, que antes que la luz divina prefería las luces terrenales del éxito y el poder. Los Magos, en cambio, realizaron la profecía, se levantaron para ser revestidos de luz”, agregó. “Para encontrar a Jesús hay que adoptar un camino distinto, una vía alternativa, la suya, el camino del amor humilde. Hace falta recorrer un camino alternativo al mundano, como el que recorrieron los que en Navidad estaban con Jesús”, expresó. “Dios se propone a sí mismo, no se impone; ilumina, pero no deslumbra. La tentación de confundir la luz de Dios con las luces del mundo siempre es grande”, advirtió.

El pontífice comentó: “Cuántas veces hemos perseguido los seductores destellos del poder y el protagonismo, convencidos de prestar un buen servicio al Evangelio! Pero así giramos las luces hacia el lado equivocado, porque Dios no está allí.

Su suave luz brilla en el amor humilde”.

“Cuántas veces, como Iglesia, tratamos de brillar con luz propia! Pero no somos el sol de la Humanidad. Somos la Luna, que, a pesar de sus sombras, refleja la verdadera luz, al Señor.

Dios es la luz del mundo, El, no nosotros”, recalcó Jorge Mario Bergoglio. “Al Señor le agrada que cuidemos los cuerpos probados por el sufrimiento, la carne más débil de los que quedan atrás, de los que solo pueden recibir sin dar nada material a cambio. Es preciosa a los ojos de Dios la misericordia hacia los que no tienen nada para dar, la gratuidad!”, agregó.

De este modo el Papa explicó en la homilía el significado de uno de los dones de los Reyes magos, la mirra, el ungüento que luego cubriría el cuerpo de Jesús al morir.

Los Reyes Magos le dan al niño también el oro, “el elemento más precioso”, que “recuerda que a Dios le corresponde el primer puesto. Ser adorado. Pero para hacerlo hace falta privarse a nosotros mismos y creernos necesitados, no autosuficientes”.

Por último el incienso que “para perfumar debe arder, así como para la plegaria hace falta ‘quemar’ un poco de tiempo, gastarlo para el Señor”, concluyó Francisco.

EL VATICANO/Agencias

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