La COP30, trigésima Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, se realizó en Belém do Pará, en el corazón de la Amazonía brasileña. Representantes de casi 200 países se reunieron para debatir el futuro del planeta frente a la crisis climática, en un encuentro que destacó por su dimensión social y cultural. Fanny Kuiro, representante de los pueblos indígenas de América Latina, señaló que más de tres mil delegados indígenas participaron, aunque lamentó que su presencia no se tradujera en poder de decisión: “No estuvimos en las decisiones que pueden cambiar el futuro del mundo ni el rumbo de la lucha contra el cambio climático”, afirmó.
Bolivia participó con una delegación de más de diez representantes indígenas y una comisión oficial de 29 personas, incluyendo al vicepresidente del país. Los delegados presentaron siete demandas centrales sobre territorio, protección ambiental, derechos colectivos y participación efectiva, pero solo una de esas propuestas fue incluida en los documentos finales. Expertos nacionales, como el biólogo Vicente Voss y el analista Juan Carlos Alarcón, criticaron que la COP30 se traduce más en discursos que en acciones concretas y alertaron sobre la gravedad de la crisis climática global, destacando la urgencia de frenar la deforestación en Bolivia, que afecta más del 70% del territorio.
La diputada Patricia Patiño, presidenta de la Comisión de Medio Ambiente y Recursos Naturales, señaló que no fue invitada oficialmente a la cumbre, pese a que su comisión atiende demandas de pueblos indígenas. Los expertos advirtieron que, si los países no transforman sus promesas en acciones inmediatas, el calentamiento global seguirá avanzando, poniendo en riesgo el futuro de las próximas generaciones.
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